Tema Julio

La Frente Sonriente

desde: Hazrat Inayat Khan -

Sufi Teachings

(véase también consejero)

Aquí podéis escuchar a todos los temas



Por FRENTE me refiero a la expresión de una persona, que depende únicamente de su actitud ante la vida. La vida es la misma para un santo y para Satanás; y si el contenido de sus vidas es diferente es sólo por su visión de la vida. Uno transforma esta misma vida en cielo y el otro en un infierno.

Hay dos actitudes: a una todo está mal; a la otra todo está bien. Nuestra vida en el mundo desde la mañana hasta la noche está llena de experiencias, buenas y malas, que pueden distinguirse según su grado; y cuanto más estudiamos el misterio del bien y del mal, más vemos que realmente no hay tal cosa como bien y mal. Es por nuestra actitud y las circunstancias que las cosas nos parecen buenas o malas.

Es fácil para una persona ordinaria decir lo que es bueno o malo, justo o injusto; es muy difícil para un ser humano sabio. Cada uno, de acuerdo a su visión de la vida, transforma las cosas de mal a bien y de bien a mal, porque cada uno tiene su propio grado de evolución y razona de acuerdo a ello. A veces una cosa es más sutil que otras, y luego es difícil a juzgar. Hubo un tiempo en que la música de Wagner no era entendida, y otro tiempo en que era considerado el más grande de los músicos. A veces las cosas son buenas en sí mismas, pero nuestra propia evolución causa que no nos parezcan tan buenas. Lo que hace unos años considerábamos bueno, puede no parecerlo en una evolución posterior. Una niña aprecia una muñeca, después preferirá la obra de grandes escultores.

Esto prueba que en cada paso y grado de evolución la idea de bueno y malo en un ser humano cambia, y así, cuando pensamos en ello, comprenderemos que no existe bien y mal. Si hay bien, entonces todo está bien. Sin duda hay una fase en la que el ser humano es esclavo de lo que él mismo ha considerado bien o mal; pero hay otra fase en la que es maestro. Esta maestría proviene de su comprensión del hecho de que bien y mal están creados por la propia actitud de un ser humano hacia la vida; y entonces bien y mal, lo bueno y lo malo, serán sus esclavos, porque él sabe que es capaz de transformar al uno en el otro.

Esto abre la puerta a otro misterio de la vida; muestra como hay dualidad en cada cosa, así existe dualidad en cada acción. En todo lo que es justo, se esconde algo injusto; y en todo lo que es malo, algo bueno; y entonces empezamos a ver cómo el mundo reacciona a todas nuestras acciones: una persona ve sólo lo bueno y otra sólo lo malo. En términos sufíes esta actitud particular se llama Hairat, perplejidad; y mientras que para el ser humano común los teatros, las imágenes en movimiento y los bazares son interesantes, pero para el sufí toda la vida es interesante, una visión constante de perplejidad. No puede explicar esto al mundo, porque no hay palabras para explicarlo.

¿Podemos comparar cualquier alegría con la de tomar las cosas con calma, paciencia y facilidad? Todas las otras alegrías vienen de fuentes exteriores, pero esta felicidad original es nuestra propiedad. Cuando una persona llega a este sentimiento, no lo expresa con palabras sino con la ‘frente sonriente’.

Hay otra cara de este tema, que es que un ser humano se alegra de ver a quien ama, admira y respeta; y cuando frunce el ceño a alguien, es porque es alguien a quien no admira ni respeta. El amor es la esencia divina en un ser humano y lo debemos sólo a Dios; el amor por un ser humano es una lección, un primer paso hacia el amor de Dios. En el amor humano nosotros comenzamos a ver el camino hacia el amor divino, igual que la niña, jugando con sus muñecas aprende la lección de la vida doméstica. Aprendemos esta lección amando a una persona, a un amigo, a un padre, madre, hermano, hermana o maestro amado. Pero el amor lo usamos erróneamente cuando no está en constante desarrollo y expansión. El agua de un estanque puede volverse mala, pero el agua de un río permanece pura porque está progresando, fluyendo, y así, amando sinceramente a una persona, debemos cultivar la planta del amor y hacerla crecer y extenderse al mismo tiempo.

El amor ha llegado a su madurez cuando un ser humano se transforma enteramente en amor - su atmósfera, su expresión, cada movimiento que hace. ¿Y cómo puede un tal ser humano amar a uno y rechazar a otro? Su mismo rostro y su presencia se transforman en una bendición. En Oriente, cuando se habla de santos o sabios no es por sus milagros, sino por su presencia y su semblante que irradian vibraciones de amor; y este amor se expresa en tolerancia, en perdón, en respeto, en pasar por alto las faltas de los demás. Su simpatía cubre los defectos de los demás como si fueran sus propios; olvida su propio interés en el interés de los demás. No les importa en qué circunstancias se encuentran, ya sean altas o humillantes; sus frentes sonríen. En sus ojos cada ser es una expresión del Amado, cuyo nombre repiten. Ellos ven lo divino en todas las formas y seres.

Igual que una persona religiosa tiene una actitud religiosa en un templo, así el Sufí tiene esa actitud ante cada ser, porque para él cada ser es el templo de lo divino. Por lo tanto, él está siempre ante su Señor. Si es un siervo, un amo, un amigo o un enemigo que está ante él, él está en la presencia de Dios. Para aquel cuyo Dios está en los cielos altos, hay un gran abismo entre él y Dios; pero quien tiene a Dios siempre delante de él está siempre en la presencia de Dios, y no hay fin para su felicidad.

La idea del Sufí es que por muy religiosa que sea una persona, sin amor no es nada. Lo mismo sucede con alguien que ha estudiado miles de libros; sin amor, no ha aprendido nada. Y el amor no reside en una pretensión de amor; cuando nace el amor oímos su voz más fuerte que la voz de un ser humano. El amor no necesita palabras; son demasiado inadecuadas para expresarlo. Si el amor puede expresarse a pequeña escala, es en la imagen que los persas llaman la ‘Frente Sonriente’.


 Un día me encontré con el Señor cara a cara y, doblando las rodillas, oré:

‘Dime, oh Rey de la Compasión, ¿eres tú quien castigas al pecador?

y das recompensas al virtuoso?'.

Él dijo, sonriendo:

‘El pecador atrae su castigo;

el virtuoso se gana su recompensa’.

 

Vadan - Alapas


(Maheboob Khan, el hermano de Hazrat Inayat Khan, ha compuesto música a una serie de aforismos de Hazrat Inayat Khan en mitades del siglo anterior, como ésta ‚Every Step in thy Path‘. Mohammed Ali Khan, el primo de Hazrat Inayat Khan, ha cantado esta canción en un concierto en Zurich alrededor del año 1956 – aquí la podéis escuchar)


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