Foro Mayo

El Deseo por la Paz

desde: Hazrat Inayat Khan -

the Purpose of Life

(véase también tema)

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El secreto detrás de toda la manifestación es la vibración, vibración que puede ser llamada movimiento. Son las diferencias de vibración que, dividiéndolas por líneas, forman planos de existencia, siendo cada plano diferente en ritmo de estas vibraciones. Cuando tomamos la vida como una entidad, podemos trazar una línea, el principio y el fin, o el espíritu y la materia, o Dios y el ser humano. Y encontraremos que el ritmo que comienza la línea es libre y sin perturbaciones, y el ritmo que se siente al final de esta línea es burdo, grueso y perturbador. Y estos dos ritmos pueden llamarse la vida de sensación y la vida de paz.

Estas son dos cosas opuestas. La vida de sensación da una alegría momentánea; la vida como aspecto original de la vida da paz y culmina en paz eterna. La alegría, por grande que sea, sube y baja; debe tener su reacción. Además, depende de sensación; y ¿de qué depende la sensación? La sensación depende de la vida exterior; debe haber algo más afuera de nosotros para causar la sensación. Pero la paz sentimos independientemente, dentro de nosotros mismos; no depende de sensación exterior. Es algo que nos pertenece, algo que es nuestro propio ser.

Si le preguntáramos a alguien que vive continuamente en una especie de excitación en los placeres mundanos, a quien la Providencia le ha concedido todos los placeres imaginables, si le preguntáramos a esa persona, ‘¿Qué deseas además de todo esto que experimentas?’, él dirá:'Que me dejen en paz'. Cuando llega la locura, cuando está desequilibrado, anhelará la sensación, pero cuando esa pasión ha desvanecida, lo que en realidad anhela es la paz. Por lo tanto, no hay placer en el mundo, por grande que sea, ninguna experiencia, por interesante que sea, que pueda darnos esa satisfacción que sólo la paz puede dar. Un soberano puede sentirse feliz sentado en el trono con su corona, con muchos siervos delante de él, pero sólo está satisfecho cuando está solo. Todo lo demás no le parece nada; no tiene valor; lo más precioso para él es el momento en que está solo.

Una vez vi al Nizam, un gran gobernador, en toda su grandeza, disfrutando del esplendor real que lo rodeaba, y luego volví a ver al mismo soberano sentado solo en una pequeña alfombra; y fue en ese momento cuando él era él mismo. Es lo mismo con todos. Platos deliciosos, fragancia dulce, música, todos los demás placeres de línea y color, belleza en todos sus aspectos, que parecen responder a las exigencias de nuestra vida, fracasan al final cuando se comparan con esa satisfacción que un alma experimenta en sí misma, que siente su propia esencia, su propia pertenencia; algo que no necesitamos buscar fuera de nosotros mismos, que podemos encontrar dentro de nosotros mismos, y que es incomparablemente más grande y valioso que cualquier otra cosa en el mundo; algo que no puede comprarse ni venderse, algo que no puede ser robado por nadie, y algo que es más sagrado y santificado que religión o la oración. Porque toda oración y devoción es para alcanzar esta paz.

Un ser humano, bueno y amable, una persona muy culta y cualificada, fuerte y poderosa, con todos estos atributos, no puede estar en paz interior si su alma no ha alcanzado ese ritmo que es un ritmo natural de su ser, un ritmo en que sólo existe la satisfacción de la vida. La paz no es un conocimiento, la paz no es un poder, la paz no es una felicidad, sino la paz es todo esto; y, además, la paz es productiva de felicidad, la paz nos inspira con el conocimiento de lo visible e invisible, y en la paz encontramos la Presencia divina. No es el excitado quien gana esta batalla continua de la vida; es el pacífico quien tolera todo, que perdona todo, que entiende todo, que asimila todas las cosas.


 En verdad, el corazón que recibe la Paz divina es bendecido.

 

Gayan - Suras


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